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Durante los días 15, 16 y 17 de enero el Museo Interactivo de Ciencia (MIC) llevó a cabo el encuentro “Divergentes”, una iniciativa inspirada en potenciar el juego como una herramienta transformadora para la educación formal y no formal.

A lo largo de los tres días, alrededor de 75 participantes se integraron a una programación diversa y enriquecedora que incluyó actividades como picnics de ideas, 9×9, charlas y laboratorios, entre otras propuestas que permitieron el intercambio de experiencias y conocimientos en torno a la educación y el desarrollo de niñas y niños.

En esta IV edición de “Divergentes” se contó con la participación de 15 ponentes, quienes, desde sus trayectorias y saberes, profundizaron en los contenidos establecidos para cada una de las jornadas del encuentro.

“Divergentes” es un espacio de reflexión, intercambio y formación que busca fortalecer capacidades y promover prácticas que reconozcan el juego como un derecho humano fundamental, como un lenguaje expresivo y como una herramienta educativa potente. Durante los tres días, los principales objetivos de trabajo fueron:

  • Reivindicar el juego como un derecho fundamental y como una práctica educativa esencial en todas las etapas de la vida.
  • Promover el intercambio de experiencias, metodologías y enfoques pedagógicos centrados en el juego.
  • Visibilizar iniciativas educativas, museológicas y comunitarias inspiradas en el juego.
  • Fomentar redes de colaboración.
  • Impulsar reflexiones críticas sobre las tensiones entre el juego y la escolarización, el juego y los museos, y el tiempo destinado al juego.

De cara a 2026, el MIC se enfoca en potenciar el juego como un instrumento poderoso para la educación y el aprendizaje en las infancias. Según Tamara Bustos, responsable de museología educativa del Museo Interactivo de Ciencia, existen estudios científicos que demuestran que una de las formas más efectivas de aprendizaje en niñas y niños es a través de la repetición. Sin embargo, cuando esta se realiza de manera tradicional o rígida, un niño o niña puede necesitar alrededor de 200 repeticiones para aprender algo nuevo; en cambio, cuando el aprendizaje se da a través del juego, ese número se reduce a aproximadamente 20 repeticiones.

Esto evidencia que el juego no solo facilita el aprendizaje, sino que también permite a las infancias adquirir confianza en sí mismas, aprender de manera inclusiva, a su propio ritmo y de acuerdo con sus necesidades.

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